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miércoles 5 octubre 2022
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Casa Lis de Salamanca. Art Nouveau-Art Déco

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Casa Lis de Salamanca. Art Nouveau-Art Déco

 

 

LA CASA LIS DE SALAMANCA ALBERGA UNO DE LOS MEJORES MUSEOS DE ART NOUVEAU Y ART DÉCO DE EUROPA. SU AUTOR ES EL ARQUITECTO JOAQUÍN DE VARGAS, UN MATEMÁTICO DE LAS CURVAS APLICADAS AL HIERRO EN EL MODERNISMO

 

 

1.- El Académico y la bloguera.  2.- Leonardo Platón.  3.- Miguel de Lis y Joaquín de Vargas.  4.- La Casa Lis.  5.-Manuel Ramos Andrade.

 

1.- EL ACADÉMICO Y LA BLOGUERA

En 1971, el académico Francisco Ayala publicó su obra de carácter introspectivo El Jardín de las Delicias, que el año siguiente recibió el Premio Nacional de la Crítica. Se trata de una recopilación de reflexiones inconexas y recuerdos del autor a lo largo de los años, ordenadas como un mosaico modernista. En uno de sus relatos, El Chalet Art Nouveau, alude a la Casa Lis de Salamanca sin mencionarla, “la ignorada joya”. Según el hispanista norteamericano Nelson Orringer, Ayala incide en el modernismo de esta composición literaria, incluyendo la descripción física de ese edificio salmantino coetáneo de Gaudí, al que no le auguraba nada bueno observando su estado de abandono: “Esa puerta tan maltratada que, expoliada de sus herrajes y carcomida, se ofrece a la piedad de nuestra vista. Han arrancado ya las aldabas, todas las piezas de metal, crece la yerba entre las piedras de la entrada y sobre el umbral está pudriéndose una zapatilla de niño”.

Ayala predecía que no volvería a ver su recóndito descubrimiento en aquel estrecho callejón. El avanzado estado de deterioro del palacete, del que sacó una fotografía para no olvidarlo, acabaría con él por sí solo; el resto, por la inexorable piqueta. Así lo expresaba: “¡Qué dolor, esa decrepitud, ese abandono! La casa tiene mi misma edad: en lo alto de su frente ostenta la cifra de 1905; y no tanto esa fecha como el estilo del edificio evoca el mundo aquel en que, hace tantísimo tiempo, vi yo la luz primera… Probablemente, ya el año que viene no existirá más mi chalet secreto, y nadie ha de recordar su pasada existencia. Acaso perdure todavía un poco su imagen en aquella fotografía que yo tengo, y en la memoria que tú puedas guardar de esa tarde en que te he llevado a presenciar su final decadencia”.

Pero, por fortuna, Ayala erró en su mal presagio. La autora menorquina Ana Gomila Domènech daba buena fe de ello escribiendo en su blog: “Pocos años después volví a Salamanca y lo encontré completamente remozado, convertido en un coqueto museo de Art Nouveau y Art Déco. Por aquel entonces lo acababan de abrir y tenían tan pocos visitantes que aún preguntaban a través de qué medio habían sabido de la existencia de dicho museo. Al llegar mi turno, dije que gracias a una miscelánea de Francisco Ayala. La chica de la taquilla me miró de hito en hito. ¿Qué es eso?, me preguntó. Hasta me daba vergüenza explicarlo, ya que por un momento me sentí como una de esas histéricas que todavía lloran frente a la tumba de Jim Morrison en el cementerio parisino de Père-Lachaise. Algo más tarde, mientras contemplaba la magnífica colección de muñecas novecentistas del museo, noté que alguien me espiaba tras uno de los expositores más cercanos a la puerta. Y, al marcharme, la taquillera me retuvo diciendo: ‘Perdona, ¿te importaría esperar un momentito? El director quiere hablar contigo’. Éste apareció de inmediato, se presentó –yo volvía a sentirme tan avergonzada que fui incapaz de retener su nombre ni su aspecto físico- y me dijo que él también era un ferviente admirador de Francisco Ayala, que yo era la primera y única persona que había acudido al museo atraída por El Jardín de las Delicias hasta el momento, que había invitado al propio Ayala a la inauguración y el pobre no había podido asistir por motivos de salud, pero que le había prometido visitar el museo en cuanto se repusiera… ¡y me hizo una entrada gratuita a perpetuidad! No creo que en toda la historia de la museística se haya visto jamás a una mujer tan coloradota y feliz con una entrada en la mano”.

Con el paso del tiempo, aquella ruina de la calle Gibraltar 14, había recobrado todo su esplendor originario. La Casa Lis de Salamanca fue seleccionada en 2019 por los lectores de la prestigiosa revista norteamericana Architectural Digest como el tercer mejor edificio modernista de España, después de la Casa Batlló de Barcelona y la mansión El Capricho de la villa cántabra de Comillas, ambas de Gaudí, en mérito a su refinada conjunción de las dos manifestaciones del modernismo europeo: el Art Nouveau y el Art Déco. El primero, ligado a las nuevas tendencias que conllevó la revolución industrial de finales del siglo XIX, basadas en el uso del hierro forjado y el cristal como elementos arquitectónicos; el segundo, a la glamurosa Belle Époque de principios del XX, a sus artes decorativas y al interiorismo inspirado en los movimientos de vanguardia.

 

2.- LEONARDO PLATÓN

El feliz final tuvo un comienzo fortuito. Un profesor de la Escuela de Bellas Artes de Salamanca, Antonio Leonardo Platón, acertadamente puso en contacto a Pedro Pérez Castro, técnico cultural del Ayuntamiento de Salamanca, con Manuel Ramos Andrade, anticuario salmantino establecido en Barcelona, para dotar a la Casa Lis de un conjunto exclusivo de obras de época en sintonía con el estilo arquitectónico del inmueble y convertirlo en un singular museo.

Platón había trabajado en sus creaciones plásticas en las dependencias de Andrade en Barcelona y conocía las colecciones modernistas que el anticuario coleccionaba. En sus conversaciones ambos elucubraron con la idea de que con ellas se pudiera abrir un museo en Salamanca. En 1990, el profesor se entrevistó en esta ciudad con Pérez Castro, que en ese momento era director de la Casa de Cultura municipal abierta en la Casa Lis tras su rehabilitación. Le mostró un ejemplar de la acreditada revista mensual de arte FMR Magazine del parmesano Franco María Ricci en la que aparecían las bellas criselefantinas francesas de Andrade, transmitiéndole la idea de que, por su contemporaneidad, la Casa Lis era el marco adecuado para aquellas bellas figuras. Castro se mostró muy receptivo y, al año siguiente, se trasladó a Barcelona con el alcalde de Salamanca, Fernández de Troconiz. Tras entrevistarse con Ramos Andrade en el Hotel Majestic, llegaron a la conclusión de que el proyecto de crear un museo de Art Nouveau y Art Déco en aquel innovador edificio sería un privilegio para la ciudad de Salamanca.

Antonio Leonardo Platón es quien tuvo una menor intervención en el logro que supuso la conversión de la Casa Lis en una exposición permanente sin igual. Pero, tuvo el mérito de dar el primer paso; sin él no hubiera sido posible. Paradójicamente, este vallisoletano era un etnógrafo. Sus inquietudes culturales en nada coincidían con las vanguardias. Había realizado su tesis doctoral sobre “Arte y cultura de los pastores castellanos y leoneses”. Sus exposiciones han versado sobre zurrones, cayados y trabajos en madera elaborados por los pastores, estableciendo su relación con las civilizaciones prehistóricas. Estaba más relacionado con el mundo rural de Miguel Delibes que con las modernas corrientes artísticas europeas.

 

3.- MIGUEL DE LIS Y JOAQUÍN DE VARGAS

Había que ser muy atrevido para construir en aquellos años una casa en la que predominaban las extrañas curvas y la forja industrial, apartándose de la ortodoxia constructiva local y del historicismo que predominaban en los edificios más avanzados. Ese audaz promotor fue Miguel de Lis y de la Puebla, el único hijo varón de los dieciocho que tuvo Miguel de Lis Pérez, natural de Peñaranda de Bracamonte, que había instalado una próspera fábrica de curtidos en el barrio de Santiago, junto al río Tormes, cuyo sistema de producción modernizó haciéndola muy productiva.

Su vivienda era anexa de la fábrica, en el número 1 de la antigua calle San Gregorio de la zona de la Ribera de Curtidores (hoy, Rector Esperabé). Todos los edificios de aquella calle fueron derribados en 1978, incluido la fábrica con su alta chimenea, la vivienda y la ermita de San Gregorio, que en estado de ruina, hacía de almacén de curtidos, de la que hoy sólo se conserva un arco colocado delante de la Facultad de Ciencias, dando vista al río Tormes. Su creciente prosperidad le aconsejó trasladarse a otra casa de nueva construcción intramuros, nunca mejor dicho, porque literalmente hubo que derribar parte de la muralla, lo que encendió una viva polémica, que pudo apagar cediendo al Museo Provincial los restos arqueológicos que iban apareciendo. Desde ella avistaría el Puente Romano y su propia empresa.

En cuanto al estilo, quiso reproducir en aquella construcción los cánones arquitectónicos que había contemplado en sus numerosos viajes por Europa, sobre todo, en las Exposiciones Universales de 1889 y 1890 de Paris y los trabajos en Art Nouveau de los belgas Paul Ankar y Alphonse Balart. Para ello, buscó al arquitecto que conociera las técnicas del Modernismo y quién mejor que el propio arquitecto municipal y provincial, Joaquín de Vargas y Aguirre, diestro en el hierro y las curvas, el matemático que escribiría su famoso Catálogo General de Curvas, de alto valor didáctico. Vargas vivió la transición de los estudios de Arquitectura de la Real Academia de San Fernando a la Universidad. Había compartido disciplinas con pintores y escultores. Por tanto, era un técnico y un profundo conocedor de las artes plásticas, además de seguidor del francés Viollet-le-Duc, icono de la arquitectura moderna.

Había colaborado con el académico madrileño Enrique María Repullés, autor del edificio del Ayuntamiento de Valladolid y de la basílica inacabada de Alba de Tormes. También, con el burgalés Ricardo Velázquez Bosco, artífice del Palacio de Cristal del Retiro de Madrid, la joya del hierro y del cristal como elementos constructivos. En 1889, Vargas llega a salamanca después de haber ganado el concurso para cubrir la plaza de arquitecto provincial tras el fallecimiento de José Secall. Se casó en segundas nupcias con Juana Sánchez y Sánchez, hija del ganadero Ildefonso Sánchez Tabernero, propietario de la dehesa Terrones en el Campo Charro, fijando su vivienda en la calle del Arco 4. Ese enlace le abrió las puertas a la alta sociedad local y al Obispo, el Padre Cámara. Por él consiguió el cargo de arquitecto diocesano de Salamanca, Zamora y Ciudad Rodrigo.

Congenió pronto con los salmantinos. En 1901 realizó la decoración del Teatro Bretón, propiedad de Miguel de Lis, para la celebración de los Juegos Florales en los que Gabriel y Galán alcanzó fama nacional al conseguir la Flor de Oro del certamen. Allí, el arquitecto recibió un cerrado aplauso del público por el elegante aspecto que había conseguido con su exquisitez y buen gusto en la ornamentación y el alumbrado. En aquel acto, junto al reformista Joaquín Costa, también participó Miguel de Unamuno. (El Rector era compañero de mesa de Vargas en los juegos de cartas del Casino, pero amigo con precauciones. El arquitecto era persona de confianza del Obispo, que había pretendido la expulsión del penalista Pedro Dorado Montero de la Universidad por sus posiciones racionalistas y positivistas en la enseñanza, a lo que el Gobierno se opuso respetando la libertad de cátedra. Similares ataques recibió Unamuno del prelado desde su periódico El Lábaro. El Rector procuraba mantener las distancias con el entorno del prelado).

Para dar realce a sus edificios Joaquín de Vargas contó con destacados artistas, como los ceramistas Daniel Zuloaga o el talaverano Juan Ruiz de Luna. Pero, sin duda, los más emblemáticos para él fueron los hermanos Pérez Moneo, forjadores con los que proyectó su obra más emblemática, el Mercado Central de Abastos de Salamanca. Los Moneo tenían la fundición frente al edificio universitario de Fonseca. De allí salieron los raíles de las nuevas líneas del ferrocarril a Peñaranda de Bracamonte y a la frontera portuguesa, las verjas y vigas de las estaciones, y desde las quinientas toneladas de hierro empleadas en el Puerto de Vigo hasta las finas columnas que soportan el ligero entramado de la Casa Lis.

 

4.- LA CASA LIS

Definitivamente, el palacete tuvo dos fachadas, la norte, orientada hacia la catedral, de estilo modernista, y la sur, majestuosa, en la que predomina la arquitectura del hierro y del cristal salvando un gran desnivel que Vargas afrontó de forma magistral. Constaba de dos plantas. La familia pasaba el verano en la baja, y el invierno en la primera, más soleada. Un patio de tipo andaluz, que denotaba el origen jerezano del artista, era el eje central de todas las dependencias con puertas decoradas y el suelo de mármol. La inauguración tuvo lugar en 1905. A partir de entonces, Miguel Lis celebró en ella numerosos actos de sociedad, el principal, la boda de su hija Matilde, la primogénita, oficiada en el oratorio por el Obispo, Francisco Javier Valdes y Noriega, a la que asistió lo más selecto de la ciudad y en la que el Café Novelty, que había sido inaugurado poco tiempo antes, sirvió un menú redactado en francés.

Sin embargo, Miguel de Lis sólo pudo disfrutarla cuatro años. Al morir en 1909, sus tres hijos, Miguel, José Demetrio y Matilde, enajenaron la casa con todo el mobiliario a Enrique Esperabé de Arteaga, hijo del Rector Mamés Esperabé, quien también celebró en la casa un nuevo acto social por la comunión de sus hijos, a la que asistió el Obispo Julián de Diego y Alcolea. El nuevo adquirente la posee durante más de veinte años. En los meses que Franco tuvo su cuartel general en Salamanca, el primer año de la Guerra Civil, allí estuvo alojado el General Millán Astray.

En 1940 la adquiere el chatarrero Andrés Santiago, quien la alquila a los Avelinos para destinarla a residencia de clérigos jubilados. En los años 70 se la vende al sacerdote Juan Trujillano, fundador del colegio de La Inmaculada de Armenteros, que acogía a hijos de emigrantes con escasos recursos. Trujillano dejó el inmueble deshabitado y no reparó sus deterioros, hasta que se convirtió en hogar de vagabundos que la fueron desvalijando. Cayó en tal estado que, en 1979, su propietario solicitó la declaración de ruina al Ayuntamiento para su posterior demolición, posiblemente, con intenciones de especulación inmobiliaria.

El alcalde Jesús Málaga Guerrero denegó el derribo y le propuso que se la cediera al Ayuntamiento de Salamanca. Pero, no alcanzando un acuerdo, la corporación procedió en 1981 a la expropiación del inmueble. Tras dos años de obras de rehabilitación, abrió allí un Centro de Cultura que había que impulsar. Para ello nombró director al mencionado Pedro Pérez Castro, que entonces formaba parte de una triada de técnicos relevantes, con Juan Antonio Pérez Millán, posteriormente, director de la Filmoteca Nacional de Castilla y León, e Hilario Hernández Sánchez, igualmente, director de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en su sede originaria.

 

5.- MANUEL RAMOS ANDRADE

En 1995 la Casa Lis abrió al público como Museo de Art Nouveau y Art Déco, único en España en contenido y continente, porque su primer elemento valioso era el propio edificio modernista. La exposición comenzó con 18 colecciones y 1.635 piezas de las vanguardias europeas, número que ha ido creciendo hasta la actualidad con nuevas adquisiciones superando las 2.000. Cinco años después fue inaugurado en Barcelona el Museo del Modernismo Catalán, circunscrito al ámbito de Cataluña, basado en el mobiliario propiedad de los marchantes Fernando Pinós y María Guirao.

El fondo museístico del centro salmantino también procedía de Cataluña. El mecenas, Manuel Ramos Andrade, había iniciado su actividad como anticuario en un pequeño negocio de la calle Pelayo de Barcelona, tras haberlo hecho antes en Sídney, Ginebra, Zúrich y Lisboa. Más tarde, fue ampliando su negocio hasta comprar un establecimiento en el Paseo de Gracia, creando el Bulevar de los Anticuarios, formado por 73 tiendas, llegando a ser presidente del Gremio de Anticuarios de Cataluña, un precedente que fue emulado en otras ciudades. Los apellidos René Lallique, Emile Gallé, Hagenauer, Jumeau, Steiner y otros muchos son los autores de las criselefantinas, muñecas de porcelana, jarrones de vidrio… un mundo inenarrable de la Belle Epòque y los Felices Años Veinte, en cuyo estudio empleó tres años el director Pérez Castro.

Ramos Andrade firmó un convenio con el Ayuntamiento de Salamanca. Mediante él, éste cedía el edificio para el museo a cambio de que el anticuario dejara depositadas allí todas aquellas obras de arte que había ido seleccionando durante su vida y que no había querido vender por su excepcional belleza. Tras lo cual, Andrade se dispuso a mejorar el inmueble. Cubrió el patio central con una claraboya y cambió la cristalería del ala sur por una vidriera emplomada de rico cromatismo, tipo Tiffany, encargándoselo al artista catalán Juan Villaplana. Andrade promovió la creación de una Fundación que lleva su nombre para la gestión del museo. Sin embargo, el sueño de su vida tuvo corta duración, pues falleció tres años después. Tras el indudable éxito museístico, en 2004 un grupo de salmantinos constituyó la Asociación de Amigos de la Casa Lis, cuyo fin es la defensa del museo y asegurar su permanencia en la ciudad al margen de los vaivenes políticos.

Casa Lis de Salamanca.  Museo

 

 

Casa Lis. Criselefantinas

 

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