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miércoles 5 octubre 2022
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León Felipe, el desarraigo total

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León Felipe, el desarraigo total

 

LEÓN FELIPE SILENCIABA EL LUGAR DE SU NACIMIENTO

 

1.- Primeros años.  2.- En Madrid.  3.- El exilio

 

1.- PRIMEROS AÑOS

León Felipe es el paradigma de los poetas desarraigados de la tierra castellanoleonesa. En su discurso versificado Israel, publicado en México en 1967, afirma acerca de su origen: “La tierra que yo vi por primera vez era la de Salamanca”. Pero, no era exacto. Había nacido en Tábara (Zamora) en 1894, el día de Viernes Santo, festividad de San León Magno, localidad de la que no guarda ningún recuerdo, según confiesa en el poema Autorretrato. Incluso, su nombre era pseudónimo y sus biógrafos no se ponen de acuerdo en los apellidos. Sus padres fueron el notario Higinio Camino de la Rosa y Valeria García, ambos naturales de Valladolid, quienes, debido a la profesión del cabeza de familia, vivieron de forma itinerante por la geografía hispana.

Por esta razón, a la edad de dos años es llevado a Sequeros, cabeza de partido en la Sierra de Francia (Salamanca), donde permanece durante otros siete y aprende las primeras letras. De esta forma lo refiere en el aludido poema: “Debí nacer en la entraña de la tierra castellana. Y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada, pasé los días azules de mi infancia en Salamanca, y mi juventud sombría en la montaña. Después ya no he vuelto a echar el ancla, y ninguna de estas tierras me levanta, ni me exalta, para poder cantar siempre las mismas tonadas”. Este tercer lugar que menciona, la montaña, era Santander. Allí su padre abre de nuevo la notaría. Posteriormente, ya adulto, León Felipe estudia en la capital cántabra, en Palencia, en Valladolid y en Madrid, estableciéndose como farmacéutico en los sitios más dispares, como Piedralaves y Arenas de San Pedro en Ávila, llegando a residir algún tiempo en Guinea Ecuatorial en calidad de administrador de hospitales.

 

2.- EN MADRID

En una etapa más sosegada, el poeta zamorano recala en Madrid. La capital del Reino le facilitaría el desarrollo de sus aptitudes literarias. Asiste con asiduidad a la tertulia del Café Universal de la Puerta del Sol y traba amistad con el crítico Enrique Díez Canedo, un encuentro decisivo que le ayudará a escribir en la prestigiosa revista España y colaborar, entre otros, con Ortega y Gasset, Pío Baroja, Pérez de Ayala, Eugenio d’Ors y Ramiro Maeztu. Dio veladas poéticas en el Ateneo y alcanzó el éxito definitivo en 1920 con la publicación de su obra Versos y Oraciones del Caminante.

Con la llegada de la República, León Felipe se integra en el cuerpo diplomático, siendo enviado por el Gobierno a Panamá en calidad de agregado cultural de la Embajada española, situación que aprovecha para dar clases de Literatura en la Universidad panameña. Sorprendiéndole en este país el alzamiento militar, fue nombrado embajador en 1936, cargo que Panamá rechazó no concediéndole el correspondiente plácet. El poeta culpó de ello a las presiones de la colonia española, a la que acusó de traición a la República, recordándoles las condiciones de miseria en que tuvieron que emigrar a América y que habían olvidado al convertirse en ricos hacendados.

Regresa a Madrid en plena contienda civil, instalándose en la casa de Pablo Neruda. El empeoramiento de la situación bélica le hace huir a Valencia, como Antonio Machado, Rafael Alberti y José Bergamín, donde son cordialmente acogidos por Dámaso Alonso, por cuya mediación colabora en la prestigiosa revista literaria mensual Hora de España. En 1937, nuevamente parte para Barcelona y presencia los persistentes y devastadores bombardeos de la aviación sobre la Ciudad Condal, que sólo cesaron tras la intervención del Conde Ciano, yerno de Benito Mussolini, cuando se lo pide a Franco en el Cuartel General de Salamanca como enviado del Duce. En la capital catalana, León Felipe toma contacto con los grupos anarquistas promotores de la revista Solidaridad Obrera, que organizan una lectura de poemas en el Cine Coliseum en la que el poeta recibió el caluroso aplauso de un público enardecido.

 

3.- EL EXILIO

Como a tantos otros intelectuales, la evolución de la guerra le obliga a marchar al exilio. Embarca para México, país que le ofrecerá hospitalidad, a cuyo presidente, Lázaro Cárdenas, dedicará numerosos poemas de agradecimiento. Siguiendo con su vocación literaria, continuará dando recitales en centros culturales, como el Palacio de Bellas Artes y el Centro de Cultura Económica Mexicana, que editará varias de sus obras.

Cinco años antes de su muerte, un familiar suyo llegado de España le muestra fotografías de Tábara y Sequeros. A León Felipe entonces le entusiasma la idea de volver a esa Castilla donde nació y vivió sus primeros años. Y así se lo hace saber a su sobrino el torero Rafael Arruza, que realiza los preparativos para que el poeta retorne a España. Sin embargó, el día anterior a su regreso cambia repentinamente de opinión y se negará a subir al avión. Cree que se sentirá frustrado con la nueva realidad española. Ya nada será como antes, ni encontrará a sus amigos entrañables. Prefiere que el pasado se mantenga en su memoria tal cual fue y, en 1968, muere con esa nostálgica añoranza.

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