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miércoles 5 octubre 2022
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La captura de Luis Candelas en Valladolid

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La captura de Luis Candelas en Valladolid

 

 

LUIS CANDELAS FUE APRESADO EN ALCAZARÉN

 

 

1.- Vida cotidiana. 2.- La Naranjera. 3.- La huida. 4.- La detención. 5.- La ejecución.

 

1.- VIDA COTIDIANA

El gran error de la carrera delictiva de Luis Candelas fue desvalijar la casa de Vicenta Mormín, modista de la reina regente María Cristina. Se llevó todos sus fondos en efectivo, joyas, ropas, sedas, encajes y labores destinadas al vestuario de la Corte. El robo se produjo en su domicilio de la calle Carmen 32, esquina a La Salud de Madrid, dejándola maniatada a ella y a cuantos allí se encontraban. La Policía realizó una poco acostumbrada batida en la capital para apresarle, porque todas las sospechas recaían sobre él.

¿Qué fue lo que cambió esa vez respecto de otras en las que las autoridades hacían la vista gorda? Candelas era un personaje muy querido por el pueblo, al que todos ayudaban a huir tras sus atracos y entre la policía tenía numerosos conocidos que sabían cómo localizarle. Al contrario que cualquier otro bandido, se trataba de una persona muy formada. Había estudiado en la escuela de maestros de San Isidro, que abandonó, convirtiéndose en un autodidacta devorador de libros. Incluso durante breve tiempo fue miembro de las fuerzas de seguridad. Jamás utilizó la violencia en sus acciones, en las que procuraba que no hubiera derramamiento de sangre.

La leyenda le representa ataviado de bandolero, con un pañuelo en la cabeza y un trabuco rondando los mesones y los bajos fondos. Pero, en realidad, era un ser camaleónico. Su apariencia era variopinta. Vivía en la calle Tudescos 5, muy cerca de la modista, de la que conocía perfectamente sus movimientos. La casa tenía una puerta trasera que daba a un callejón, que utilizaba por la noche y, de día, salía por la puerta principal ataviado como un acaudalado señor,

Se hacía pasar  por don Luis Álvarez de Cobos, hacendado del Perú, con documentación que lo acreditaba, lo que le permitía frecuentar lugares de clase alta, como teatros y cafés donde se encontraba con políticos y abundaba en sus tertulias, sobre todo el Café Lorencino, junto a la calle Carretas, centro de reunión de liberales seguidores de Rafael Riego, o La Fontana de Oro, donde fue miembro de su sociedad patriótica y amigo del político Salustiano Olózaga con quien compartió amante y prisión, Candelas por robar y Olózaga por conspirar contra el Rey.

Incluso, había sido funcionario de Hacienda, adscrito a la Recaudación de Puertas. Estuvo destinado en Alicante, Santander, La Coruña y Zamora. Hay constancia de que en 1833 ejerció el cargo de interventor de consumos en la Puerta de la Feria de esta última, cuya función era cobrar un arancel a los mercaderes que llevaban sus productos a la ciudad para venderlos. El Administrador jefe, Agustín Romero Parilla, le entregó el 31 de diciembre de ese año un certificado por los servicios prestados, acreditando su “comportamiento de celo y honradez”. Ese documento, que fue unido al sumario de su procesamiento, le fue encontrado en su detención y con él envolvía un juego de naipes.

 

2.- LA NARANJERA

Luis Candelas se había criado en la calle del Calvario de Lavapiés. Allí había conocido a su vecina Lola “la Naranjera”, una guapa joven que rompía moldes y vendía frutas y verduras en la calle del Prado. Ambos estaban muy enamorados. Pero “la Naranjera” también llevaba una doble vida. Por la noche se convertía en “la Tirabuzones” y trabajaba en la casa de Pepa “la Malagueña” en la calle Ave María, junto a la Puerta de Alcalá.

Un buen día apareció por el lupanar un abonado a esos menesteres, el rey Fernando VII, acompañado de su consejero de correrías, Pedro Collado, a la sazón, primo hermano de “la Naranjera”. Cuando Collado se la presentó al monarca, éste quedó prendado de su belleza y no dudó en instalarla en un piso cerca del Palacio Real y convertirla en su amante favorita.

Como era de esperar, a Luis Candelas poco le agradó la decisión regia. Pero supo sacarle provecho, porque a partir de ese momento actuaba con plena impunidad. Trajinaba por la noche y, cuando era detenido por algún robo, decía que él no era el autor porque había pasado la noche con “la Naranjera”. Cuando la Policía investigaba si era cierto lo que decía, se encontraban con que con quien realmente había estado ella era con el Rey e inmediatamente suspendían las pesquisas. Fue la coartada perfecta durante mucho tiempo.

Esa situación se mantuvo hasta 1833, año en que muere el monarca. Pero, entretanto, la reina María Cristina, que estaba al corriente de todo, se sentía triplemente ultrajada, por el Rey, por “la Naranjera” y por el ladrón más famoso de la época, que utilizaba a su esposo como cómplice indirecto de sus fechorías. Por eso, cuando cuatro años más tarde el bandolero asalta la casa de su modista, la Reina vio la oportunidad de que la Policía y la justicia actuaran contra él con la máxima contundencia. Esa fue la enorme equivocación de Luis Candelas.

 

3.- LA HUIDA

Una vez dada la orden de busca y captura por el robo de la modista, Luis Candelas y los tres compinches que participaron con él se dispersaron. En esos momentos Candelas tenía una nueva amante llamada Clara, una joven trabajadora con la que ya había vivido algún tiempo en Valencia. El bandolero la convenció de que debían emigrar a Inglaterra donde tendrían un mejor futuro. Más tarde, en el sumario se demostró que aquella mujer lo ignoraba todo sobre sus andanzas. Alquilaron un carruaje con cuatro caballerías en Madrid y partieron hacia Gijón con documentación falsa, aparentando ser un mercader y su esposa. Hicieron noche en una posada situada en las afueras del Puente Mayor de Valladolid, aunque la mayor parte del trayecto transcurrió por malos caminos de día y despoblados para descansar de noche, previendo que las órdenes de detención sólo habían llegado a las ciudades.

En Gijón, se alojan en una fonda cerca del puerto a la espera de que algún navío partiera para Inglaterra. Es entonces cuando Candelas le relata a Clara el verdadero motivo del viaje, lo que le provoca tal ataque de nervios que han de llamar a un médico. Ella se niega a embarcar. Quiere volver a Madrid a toda costa. El bandolero tiene que desistir y cambia de planes. Decidió acompañar a Clara hasta las afueras de Madrid y luego partiría hacia Portugal por Salamanca para huir a Sudamérica. Alquilaron un coche de caballos “para llevar a una señora” y un caballo para él, para ir delante oteando el terreno.

 

4.- LA DETENCIÓN

Al cochero del carruaje, llamado Patricio García, le resultaba extraño aquel viaje que sólo se hacía de noche y sin parar en ciudades. En una de las paradas se entera de que la policía buscaba a Luis Candelas y sospechó de ellos. Aunque el bandolero marchaba a distancia, vio como el cochero hablaba con unos guardias nacionales en el pueblo de San Cristóbal, junto a Segovia, y escapó al galope. Durante varios días estuvo vagando por la zona comprendida entre San Cristóbal y Mojados, sin saber bien donde ir, pues presentía que le estaban cercando y así era.

De noche llegó a Alcazarén. Cenó y durmió en la Posada del Caño. (El lugar sigue siendo emblemático. La actual casa conserva la puerta de piedra de aquel establecimiento, que estaba situado en la calle Real, esquina a la actual calle Luis Candelas, frente a la iglesia mudéjar de San Pedro, hoy utilizada como recinto cultural. También existe el Caño, que está situado junto a la pared de la iglesia. Igualmente, enfrente está la casa que habitó el famoso guerrillero Juan Martín “El Empecinado”).

A la mañana siguiente, Félix Martín, sargento de la guardia nacional, le tenía rodeado con una patrulla. La detención se produjo junto al pueblo, en el puesto de aduanas de Puente Mediana, sobre el río Eresma, en la antigua Calzada Real de Valladolid a Toledo. Los guardias le trasladaron al cuartelillo de Valdestillas donde fue interrogado. Negó ser el tal Candelas que buscaban y dijo llamarse León Cañidas. Presentó una carta de pasaporte que parecía acreditar que era natural de Badajoz, vecino de Vicálvaro, casado, carpintero y en tránsito de Madrid a Avilés y otros pueblos de Asturias. Pero en el registro que le hicieron los guardias encontraron las joyas robadas a la modista. Posteriormente fue llevado a Olmedo, donde siguió negándolo todo. De las joyas no supo explicar su procedencia, dando una versión incoherente que le inculpaba.

En el convencimiento de que estaban ante Luis Candelas, le condujeron a los Juzgados de Valladolid para nuevas diligencias. Allí fue reconocido por varias personas, entre ellas, Policarpo Martín, que había sido compañero suyo de celda en la cárcel palentina de Dueñas, de donde se había escapado o le habían facilitado la huida, como en otras ocasiones. También fue identificado por Modesto Cortázar, natural de Briviesca, en ese momento fiscal de la Audiencia Territorial, que ya le había procesado otra vez en Madrid y persona de toda confianza de la Reina. Ante pruebas tan abrumadoras, se decretó el inmediato encarcelamiento en Madrid.

 

5.- LA EJECUCIÓN

Luis Candelas fue internado en la cárcel de la Corte, hoy edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores, en la Plaza de Santa Cruz. Fue acusado de cometer más de cuarenta robos. Tras un proceso de tres meses el tribunal le condenó a la pena de muerte por garrote vil. Pero, a pesar de que la sentencia era totalmente desmedida, pues no había cometido ningún delito de sangre, nunca perdió la compostura. Cuando al final del juicio el juez le pregunta si tenía algo que añadir, contestó: “Sí, que aunque tardía, encuentro la sentencia muy puesta en razón”, lo que causó las risas de los asistentes de la abarrotada sala, teniendo el juez que llamar al orden.

Y cuando ya estaba en disposición de ser ejecutado, su abogado le convenció para que escribiera una carta de petición de indulto a la reina María Cristina. La redactó en los siguientes términos: “El que expone es, Señora, el primero que no acude a Su Majestad con las manos ensangrentadas. Su fatalidad le condujo a robar, pero no ha matado, ni herido, ni maltratado a nadie. El hijo no ha quedado huérfano, ni viuda la esposa por su culpa. ¿Es posible Señora que haya de sufrir la misma pena que los que perpetran estos crímenes?”. La Reina no contestó. Luis Candelas era un hombre amado y admirado por el pueblo llano, pero tenía muchas cuentas pendientes en las altas esferas. El 6 de noviembre de 1837 fue llevado al patíbulo por la calle trasera de la cárcel, llamada de Santo Tomás o del Verdugo, y ajusticiado en la cercana Plaza de la Cebada.

 

 

Posada del Caño de Alcazarén  (Valladolid)

 

                                                     Cárcel de la Corte (Madrid) 

 

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