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miércoles 5 octubre 2022
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La Ruta Jacobea Portuguesa

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La Ruta Jacobea Portuguesa

 

EL PÍCARO TORRES VILLARROEL REALIZÓ UNA PEREGRINACIÓN A SANTIAGO DE COMPOSTELA SIN QUE SEPAMOS SI VISITÓ AL SANTO. AL MENOS, ABRIÓ UNA NUEVA RUTA JACOBEA POR PORTUGAL

 

 

1.- La partida.  2.- En Galicia.  3.- Génesis del viaje

 

1.- LA PARTIDA

En 1737, el polifacético salmantino Diego de Torres Villarroel se dispuso a cumplir con uno de sus votos al Apóstol Santiago hecho en momentos complicados de su vida. Emprendió el camino a Compostela a pie, desde Salamanca a través de Portugal. A su regreso, publicó su aventura, estableciendo así una nueva ruta jacobea hasta entonces inédita.

En principio, la visita al Apóstol iba a estar revestida de la devoción y el recogimiento apropiados. Pero en su relato comenta: “Fue sin duda el más indignamente cumplido, porque las indevotas, vanas y ridículas circunstancias de mi peregrinación echaron a rodar parte del mérito y valor de la promesa”. Es decir, fue una burla. Un año antes, el docto profesor había pedido licencia a la Universidad y ésta se la concedió por dos meses. Pero él, por su cuenta, la alargó hasta cinco.

El día señalado, partió de Salamanca ataviado de peregrino al uso, con bordón, un flamante bastón adornado con filigranas y una esclavina de romero a modo de capa. Le acompañaba su amigo Agustín de Herrera, de la misma guisa y tan piadoso como él, a los que seguían cuatro criados para su atención, con otros tantos caballos y un mulo con provisiones y avituallamiento para el camino. El trayecto transcurrió con absoluta relajación, parando en cada pueblo como si de turistas se tratara.

Enseguida corría la voz de que había llegado el “Gran Piscator”, nombre por el que Torres era conocido. El Piscator no era más que un negocio editorial de Salamanca. Consistía en un Almanaque para el año siguiente en el que publicaba profecías y pronósticos que tenía gran predicamento entre las gentes, algo así como el Calendario Zaragozano de nuestros días, pero más, pues incluso llegó a pronosticar la muerte de personajes conocidos, que luego se cumplieron. Y eso le dio una aureola de hombre sabio que le abría las puertas allí donde fuera.

Según manifestaba: “las mujeres infecundas me preguntaban por su sucesión; las solteras, por sus bodas; las aborrecidas del marido me pedían remedios para conciliarlos; y detrás de éstas, soltaban otras peticiones y preguntas raras, necias e increíbles. Los hombres me preguntaban por sus achaques, sus escrúpulos, sus pérdidas y ganancias. Venían unos a preguntar si los querían sus damas; otros, a saber la ventura de sus empleos y pretensiones; y finalmente, venían todos y todas a ver como son los hombres que hacen los pronósticos… Yo creo que a mí me han imaginado un engendro mixto de las castas de los diablos y los brujos”. Fue recibido en las mejores casas y conventos de Portugal donde se terminaba con bailes, juegos y todo tipo de diversión. Luego, reflexionaba y se lamentaba de sí mismo, diciendo que, si hubiera tenido un poco de codicia, habría vuelto rico a Castilla.

 

2.- EN GALICIA

En Santiago de Compostela le esperaba una acogida por el arzobispo José del Yermo Santibáñez con gran fasto, quien le ofreció un banquete en su palacio, acompañado por el médico del cabildo, Tomás de Velasco, que no hizo más que alabar a Torres, lo que ocasionó que numerosos enfermos acudieran a él para que les sanara: “No hubo achacoso, doliente ni prostrado que no solicitase mi visita… Les dejé sus dones y sus alhajas… Era infamia hacer comercio con mis embustes y sus sencilleces”, comentaba.

Pero nada nos dice de su fervorosa visita al Santo. Por el contrario, sólo sabemos que con rapidez partió para La Coruña, donde del mismo modo fue agasajado. De ahí retornó a Salamanca, resumiendo su expedición con las siguientes palabras: “Cinco meses me detuve en este viaje, y fue el más feliz, el más venturoso y acomodado que he tenido en mi vida, pues sin haber probado la más leve alteración en la salud ni el ánimo, salí y entré alegre, vanaglorioso y dichosamente divertido en mi casa”.

 

3.- GÉNESIS DEL VIAJE

Torres Villarroel justifica su peregrinación a Santiago de Compostela por el voto que hizo al Apóstol cuando estuvo desterrado en Portugal, si volvía a España libre de cargos. Los hechos se remontan a 1732, cuando en Medinaceli es condenado a prisión por inducir a su amigo Juan de Salazar a que matara a un clérigo, que finalmente sólo sufrió heridas leves, huyendo los dos a Francia. La pena que le recayó fue la de prisión, posteriormente conmutada por la de destierro, que duró dos años en Portugal.

Para su biógrafo Antonio García Boiza, el viaje a Santiago es un mero montaje editorial. Torres se hallaba en un momento en el que vendía todo lo que escribía. La peregrinación no era más que un libro de viajes escrito en un romance jocoso que, en absoluto, le inducía al fervor del Santo. Por el contrario, es un relato vejatorio donde se ríe de los más débiles, sin que sepamos si estuvo delante del Sepulcro del Apóstol Santiago, mientras abunda en anécdotas que vivió con quien se topaba en su camino. De hecho, al marchar anunció por todo Salamanca que regresaría con la crónica del viaje ya dispuesta para la impresión. Todos aguardaban a leer sus aventuras, que resultaban grotescas, a pesar de haber dedicado el libro a fray Agustín de Eura, Obispo de Orense. Durante su andanza no cesó de escribir otras obras que le reportarían cuantiosos ingresos, como la biografía de la poetisa andaluza sor Gregoria de Santa Teresa, que acababa de fallecer.

La elección de la ruta portuguesa no era en vano. Torres ya había estado anteriormente dos veces en el país vecino y conocía el terreno como la palma de su mano. De muy joven se escapó de casa y anduvo por aquellas tierras. Fue ermitaño en Tras-os-Montes, médico en Coímbra, soldado en Oporto y torero en Lisboa. Portugal siempre significó un refugio seguro para el pícaro salmantino.

(Foto portada. Catedral de Santiago de Compostela. La Azabachería)

 

 

Diego de Torres Villarroel

 

LA RUTA JACOBEA PORTUGUESA. USAL  –  MAPA DE LA RUTA

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