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miércoles 5 octubre 2022
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Antecedentes de la Masonería en Castilla

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Antecedentes de la Masonería en Castilla

 

 

EN ÁVILA SE ENCUENTRA EL ÚNICO TEMPLO DE LA PENÍNSULA CON TRAZAS MASÓNICAS

 

 

1.- Primeros rasgos.  2.- El templo de Ávila.  3.- Influencia judía.  4.- Signos masónicos.  5.- La Rosacruz.

 

1.- PRIMEROS RASGOS

Cuando el 10 de mayo de 1979 fueron legalizadas las actividades de la masonería, tras cuarenta años de proscripción gubernamental, los estudiosos se entregaron a la investigación de la que era una enigmática asociación con fines políticos y de influencia en el poder, partiendo desde el momento de su instauración oficial en España por el primer ministro de Carlos III, Pedro Abarca de Bolea, Conde de Aranda. Bolea había permanecido largo tiempo en Francia. Allí asimiló el credo ideológico de su amigo Voltaire, trayendo a nuestro país no sólo las ideas de la Ilustración en boga, sino también los principios de la masonería moderna, de acuerdo con el rito escocés que imperaba en el país vecino y sería mayoritariamente seguido en la península hasta nuestros días.

Había interés por investigar la etapa más próxima de la masonería. Venía justificado por el deseo de conocer los motivos que desencadenaron los hechos históricos recientes. A ello invitaba las facilidades que brindaba la copiosa documentación existente en el Archivo Histórico Nacional de Salamanca, compuesto por un millar de legajos y numerosos expedientes personales, aparte de los fondos depositados en el Archivo del Palacio de Oriente de Madrid. Pero no por ello se ha de menospreciar la trascendencia del periodo masónico anterior, circunscrito a la impenetrable técnica de los constructores de templos y catedrales.

El historiador salmantino Antonio San Román asegura que la fachada plateresca de la Universidad de Salamanca es un claro ejemplo inadvertido de simbología masónica. Las calaveras y la rana del primer cuerpo o las figuras de Venus y Hércules flanqueando al Sumo Pontífice en el superior, desvelan que los maestros no se limitaban a construir empleando su peculiar saber, sino que eran portadores de una filosofía que transmitían a sus operaciones en las logias o talleres donde surgieron los primeros atisbos de libertad en la sociedad feudal.

 

2.- EL TEMPLO DE ÁVILA

Ese conocimiento superior que aplicaba la arquitectura a la religión no siempre se manifestó por los cánones ortodoxos. En Ávila se halla un diáfano exponente de templo cristiano que se aparta de los modelos medievales. Se trata de la capilla de Mosén Rubí, un templo gótico tardío considerado por los historiadores como el único ejemplar masónico que se conserva en la península con las características propias de lo que más tarde serían las logias modernas. Así lo valora Nicolás Díaz y Pérez en su obra Historia de la francmasonería, y otros autores, como Luis Pedrosa o Juan García Atienza.

Ya en los años treinta, esta capilla suscitaba la curiosidad de los expertos. El que fuera delegado provincial de Bellas Artes de Ávila y Académico de San Fernando, Antonio Veredas, se preguntaba por la causa de que este templo de dimensiones catedralicias tuviera una extraña planta de forma poligonal de doce lados y por las marcas de cantero labradas en el exterior, afirmando en la guía monumental que publicó que “no aparecían como firma personal, sino como marcas de grupo o cuadrilla”. Por su parte, el profesor de la escuela de Arquitectura de Madrid durante la República, Vicente Lampérez, aseveraba que, una vez terminada la misión del arquitecto monje, comienza la del laico, al que se agregaban obreros colaboradores libres, que se agrupan en las corporaciones de defensa y fraternidad mutua origen de los francmasones. Y como la competencia era un peligro, guardaban en ellas cuidadosamente los procedimientos, incurriendo por abuso en el amaneramiento y la decadencia.

Este rebuscamiento de formas arquitectónica originales condujo a los constructores a modelos paganos de la antigüedad. En el caso de la capilla de Mosén Rubí de Ávila fue el del templo que el rey Salomón levantó en Jerusalén, prototipo de las logias masónicas. Lo explica el importante número de judíos conversos que en ella trabajaron desde 1516. En esa comunidad total que era la logia, el maestro instruía a sus obreros en la doctrina cristiana, pero con un énfasis especial en aquellos aspectos relacionados con la arquitectura, sobre todo, en las pautas que el Libro de los Reyes daba sobre el templo de Salomón, a la postre, un rey judío que dejó constancia de una técnica basada en estudios matemáticos que el Creador-Dios transmitía al Creador-Artesano. Salomón había recibido directamente de Dios las claves de la arquitectura, las medidas y los materiales, pues, no en vano, era el destinatario era la Casa de Dios.

El proyecto inicial de la capilla de mosén Rubí se desarrolló con normalidad, hasta que, en 1530, la Inquisición observó ciertas desviaciones en las trazas del edificio, ordenando la paralización de las obras, que quedaron inconclusas y, asimismo, fue exceptuada de la visita pastoral del arzobispo de Toledo.

 

3.- INFLUENCIA JUDÍA

El origen de la capilla se remonta a la voluntad de doña María de Guzmán de levantar una colegiata y un hospital, recayendo el patronato en Diego de Bracamonte, padre de Mosén Rubí, procedente de una familia francesa normanda castellanizada. En la persona de Mosén Rubí se da el ingrediente añadido de su larga estancia en Flandes, conviviendo con una nutrida colonia de judíos llevados por los caballeros templarios, la orden militar tan perseguida por Felipe el Hermoso.

La capilla se halla situada entre las plazas de Mosén Rubí y Fuente el Sol, junto a la Puerta del Mariscal, la más antigua de la muralla abulense, y frente a las antiguas casas solariegas de los Bracamonte. En todos estos edificios, tanto en el exterior como en patios interiores, se repiten símbolos masónicos, como la escuadra o la malleta, que también subsisten en otros civiles y religiosos de aquellas poblaciones que pertenecieron al señorío de los Bracamonte, como Peñaranda de Bracamonte y Aldeaseca de la Frontera, en la provincia de Salamanca, y Rubí de Bracamonte y Fuente el Sol, en la provincia de Valladolid.

El compás, la escuadra y la malleta fueron los tres elementos utilizados para asesinar al arquitecto del templo de Jerusalén, el judío Hiram Avif, que se negó a revelar los secretos de su ciencia. Su significado es el de reconocerse entre sí los masones de cualquier parte del mundo. En la actualidad, la capilla está a cargo de las monjas dominicas originarias del convento abulense de Aldeanueva de Santa Cruz, que abandonaron tras un incendio en 1866, en cuyo traslado intervino la Casa de Alba.

 

4.- SIGNOS MASÓNICOS

Nicolás Díaz y Pérez ha enumerado los elementos masónicos que sobresalen en la capilla de Mosén Rubí. En primer lugar, la planta del templo en forma de un polígono regular de doce lados, con cuatro ángulos cóncavos y ocho convexos, semejante a la clásica de las logias escocesas del siglo XVIII. A él se accede desde un atrio rectangular separado por dos pares de columnas, en una posición similar a las denominadas Jakin y Boaz en la Biblia, que se hallaban en la puerta del sanctasanctórum del templo de Jerusalén, labradas según la tradición judía a partir de vigas del Árbol de la Ciencia del Paraíso Terrenal.

Hay escuadras, malletas y compases en siete ventanales con vidrieras, en las pilastras interiores y en las representaciones heráldicas del exterior. También hubo un púlpito de mármol blanco de forma pentagonal, tres de cuyos lados que daban a la nave lucían otros tantos símbolos emblemáticos. Igualmente, de mármol era la columna-pilar de tres lados que sostenía el altar. Detrás del lugar del púlpito hay un triángulo con el nombre judío de Yahvé, que es el de la Alegría del grado 33 de la masonería, el del Soberano gran inspector general. Al lado derecho de la capilla se aprecia un coro con siete sitiales, de los que el del centro tiene grabado un globo terráqueo atravesado por un cuchillo empuñado por una mano, un símbolo que se asigna a puestos superiores de la jerarquía masónica.

De igual forma, las estatuas funerarias del fundador y de su esposa muestran una actitud que no es la orante propia de la época. Mosén Rubí levanta la espada con la mano izquierda sobre el hombro del mismo lado, lo que luego sería una ceremonia del grado 30 de la masonería especulativa. Por su parte, la esposa mira al suelo, mientras tiene su mano derecha sobre el antebrazo izquierdo. Además, existen otros emblemas masónicos relacionados con la familia Bracamonte en lugares como la Catedral, el convento de San Vicente en Ávila y el convento peñarandino de La Encarnación.

 

5.- LA ROSACRUZ

Antonio San Román es un firme partidario de que el Rector de la Universidad de Salamanca, Hernán Pérez de Oliva, introdujo elementos humanistas en la simbología del claustro del edificio histórico salmantino con un evidente lenguaje masónico. Se da la circunstancia de que esos elementos ornamentales fueron labrados en los mismos años en que se construyó la capilla de Mosén Rubí en Ávila, y bajo ellos, se puede leer en grandes letras escritas con sangre de toro el nombre de Bracamonte.

Otro aspecto llamativo de la capilla abulense es que, delante de ella y próximo a la muralla, fue colocado un crucero llevado desde el municipio vallisoletano de Fuente el Sol, otro lugar feudal de los Bracamonte, cuya cruz de piedra se asienta sobre una base en la que hay grabadas rosas de cinco pétalos, que en la masonería delatan la presencia de una logia capitular o centro territorial de otras logias menores. Es una referencia a la Orden de la Rosacruz, una de las más antiguas sociedades secretas de Europa. Los primeros masones modernos la introdujeron en el grado 18, que correspondía al soberano, príncipe o Caballero de la Rosa Cruz. En el antiguo rito escocés este símbolo señalaba el tránsito de la masonería judía a la cristiana, lo que en Ávila parece quedar confirmado con este templo tan peculiar y heterodoxo.

(Foto portada.  Capilla de Mosén Rubí de Bracamonte. Fco. Javier Parcerisa. Ávila 1865)

 

 

 

 

 

Fotos. Capilla Mosén Rubí de Bracamonte

 

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La familia Bracamonte en Ávila y Peñaranda.  Los Bracamonte

 

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