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miércoles 5 octubre 2022
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Cristóbal Colón en Portugal

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Cristóbal Colón en Portugal

 

 

CRISTÓBAL COLÓN ENCONTRÓ EN PORTUGAL LAS CARTAS DE NAVEGACION PARA LLEGAR AL NUEVO MUNDO

 

 

1.- Diego Ortiz de Calzadilla.  2.- Juan de Salaya.  3.- Huida de Calzadilla a Portugal.  4.- La Junta de Matemáticos.  5.- Rechazo a la propuesta de Colón.  6.- Los manejos de Calzadilla.  7.- La procedencia de Colón.  8.- Su matrimonio.  9.- Colón abandona Portugal.

 

1.- DIEGO ORTIZ DE CALZADILLA

En 1482, el rey Juan II de Portugal rechazó la propuesta de Cristóbal Colón para organizar una expedición que explorara las aguas desconocidas del Mare Tenebrosum, empresa que más tarde le conduciría al descubrimiento del Nuevo Mundo. La decisión real estaba basada en la oposición de la Junta de Matemáticos a la que sometió su estudio. Algunos de sus miembros eran personas formadas en la Universidad de Salamanca, entre las que destacaba la opinión del astrólogo Diego Ortiz de Calzadilla.

Mucho se ha especulado sobre el origen de Calzadilla, prominente personaje en el devenir de Portugal, en cuyos libros de Historia aparece como nacido en Calzadilla (León). Pero, en realidad, era natural de Calzadilla, Extremadura (antiguo Reino de León). De él se sabe que había cursado bachiller canónico en el Obispado de Badajoz y continuó por varios renombrados centros de Paris y Bolonia. A su vuelta a España, recaló en el Colegio de San Bartolomé de la Universidad de Salamanca, fundado por el obispo Diego de Anaya Maldonado, la cantera de los conocidos como “bartolos”, que copaban los puestos de la Administración. (Había entonces otros tres Colegios Mayores más: el de Oviedo, el de Cuenca y el de Santiago).

 

2.- JUAN DE SALAYA

Alfonso IX de León había creado la Universidad salmantina en 1218 para contrarrestar la influencia del Estudio de Palencia, fundado por Alfonso VIII de Castilla poco tiempo antes. Atraído por el cultivo de las ciencias, Calzadilla llega a Salamanca en un momento de pujanza, cuando al frente de la cátedra de Astrología se hallaba el insigne matemático y filósofo Juan de Salaya.

(Salaya fue el autor del cálculo del llamado Cielo de Salamanca, que representa el mapa celeste de uno de los días de mediados de agosto del año 1475, o de algún año posterior a 1480 según algunos autores, un fresco con forma de bóveda realizado por el pintor hispanoflamenco Fernando Gallego. Dicha representación astronómica formaba parte del techo de la Biblioteca de la Universidad, y resultó destruido en 1504 en dos tercios de su superficie al levantar el retablo de la Capilla situada debajo. En 1901, fue descubierto por el catedrático Antonio García Boiza a cinco metros de la Antigua Biblioteca. Y en 1951, los hermanos Gudiol arrancaron el tercio restante de 400 metros, ensamblándolo sobre una bóveda de madera desmontable, que hoy se conserva en el cercano patio de las Escuelas Menores).

 

3.- HUIDA DE CALZADILLA A PORTUGAL

Cuando en 1469 Salaya deja su cátedra para acceder a la de Lógica, fue reemplazado por Calzadilla, que la ocupó durante siete años, hasta que, en 1476, tras la batalla de Toro entre castellanos y portugueses, tuvo que huir al país vecino por haber apoyado las aspiraciones de Juana la Beltraneja a la corona de Castilla en contra de Isabel la Católica, de lo que dejó evidencias en la documentación que se le encontró en su habitación del colegio de San Bartolomé.

(La Beltraneja hubiera sido reina de Castilla, en calidad de hija del rey Enrique IV de Trastámara y de Juana de Portugal, hermana del rey portugués Alfonso V. Pero era notorio que, debido a su impotencia, Enrique IV no era su padre, sino el valido de éste, Beltrán de la Cueva, Duque de Alburquerque. Al carecer de otra descendencia, Isabel reclamó que su hermano Enrique la reconociera como legítima sucesora, a lo que accedió en la venta abulense de los Toros de Guisando. No aceptándolo el Rey portugués, contrajo matrimonio con la Beltraneja en la Casa de las Argollas de la ciudad de Plasencia, reclamando el trono castellano en nombre de la desposada, lo que originó una guerra entre Castilla y Portugal que en 1476 se dirimió con la derrota lusa en la batalla de Toro).

El rey Alfonso V de Portugal acogió a Calzadilla en su Corte como astrónomo, pues tenía la facultad de que, estudiando la posición de los astros, adivinaba hechos futuros. Además, confeccionaba las “cartas de marear” o cartas náuticas de las que se servían los navegantes portugueses en la exploración de tierras lejanas africanas. Por sus méritos, sucesivamente, fue nombrado Obispo de Tánger, Ceuta y Viseu, ciudades en las que nunca residió.

 

4.- LA JUNTA DE MATEMÁTICOS

El monarca portugués vivía fascinado con las expediciones que había realizado Enrique el Navegante, uno de los conquistadores de Ceuta, que dio inicio a la época de mayor esplendor de los descubrimientos de Portugal a través de África. Alfonso V quiso continuarlos creando una Junta de Matemáticos que proveyera a los marinos de los instrumentos cosmográficos que determinaran la altitud, la latitud y la distancia al ecuador en relación con la posición del sol en las diferentes estaciones.

En aquel grupo de asesores reales, además de Calzadilla, había otros astrólogos como el médico real Rodrigo das Pedras Negras, el matemático Mosé, el navegante alemán Martin von Behain, y el astrólogo José Vizinho. Todos ellos eran judíos. Vizinho había nacido en Covilha, cerca de Salamanca, donde fue discípulo del también judío Abraham Zacut, al que más tarde introdujo en la corte portuguesa tras el decreto de expulsión promulgado por los Reyes Católicos en 1492.

 

5.- RECHAZO A LA PROPUESTA DE COLÓN

De la presencia de Cristóbal Colón en Lisboa se tiene constancia desde 1472. Era reconocido como buen cartógrafo y dibujante de planos que ilustrarían diversos libros náuticos impresos en España. No sólo dominaba la Cosmografía, que Ptolomeo escribió en la Escuela de Alejandría, y las cartas geográficas del veneciano Marco Polo, sino también la del florentino Paolo Toscanelli, que éste había enviado en 1474 al rey Alfonso V a través de su médico Fernando Martins. Al tener noticia de la existencia de dicho documento, Colón se puso en contacto con el también florentino Lorenzo Gerardi, quien consiguió que Toscanelli le enviara una copia para él que, más tarde, tradujo al latín.

El genovés tenía pleno convencimiento de que a través del Océano Atlántico podía alcanzar las tierras de Catay y Cipango (según la terminología que usó Marco Polo para referirse a Japón y China). Así se lo expuso en 1493 al Rey Juan II de Avis, hijo y sucesor de Alfonso V, proponiéndole una expedición naval para conseguir ese objetivo. Pero, pronto surgieron las primeras diferencias. Colón quería que la flota partiera de las islas Canarias, sin duda, porque sabía que desde allí seguiría las corrientes marítimas más favorables para conseguir su objetivo. Pero, el Rey portugués pretendía que saliera de Madeira, pues según el Tratado de Alcobaça, los Reyes españoles podrían reivindicar el dominio de los territorios que Colón encontrara a su paso, aunque los navíos llevaran bandera portuguesa. Y, por otro lado, pidió que se le concediesen una serie de honores, reconocimientos y rentas que al Rey le pareció muy gravoso.

 

6.- LOS MANEJOS DE CALZADILLA

El monarca sometió el asunto a la deliberación de su Junta de Matemáticos, que consideró el proyecto como meras imaginaciones similares a las de Marco Polo, basado en cálculos erróneos y disparatados. En su obra Historia del Colegio Viejo de San Bartolomé, Francisco Ruiz de Vergara, consejero de Castilla, escribe: “El Consejo en que se trató de admitir las proposiciones de Colón, sobre los descubrimientos, votó que no eran bastantes los fundamentes que ofrecía para emprenderse un negocio de tanto peso para un Príncipe cuerdo y prudente, sin otro examen ni exigencia, con lo que despedido de aquella Corte, Colón se pasó a Castilla”.

Si el enojo del genovés era el esperado, aún lo fue mayor cuando llegó a sus oídos que, por consejo de los miembros de la Junta y a sus espaldas, el Rey envió secretamente un navío por la ruta que él había señalado, pues les surgieron dudas sobre la verosimilitud de sus razonamientos. Pero el barco tuvo que retornar al encontrarse con huracanes y tempestades. Entonces, Colón culpó de aquella felonía a José Vizinho. Más tarde, su hijo Hernando consideró que el verdadero traidor había sido Diego Ortiz de Calzadilla, afirmando que “les faltaba el saber, la constancia y la persona del Almirante”. En realidad, Calzadilla acertaba, porque suponía que los cálculos habían sido presentados intencionadamente erróneos por Colón para ocultar el alcance exacto de sus conocimientos. Y estaba en razón, pues posteriormente hizo lo mismo en Castilla como una salvaguarda de su proyecto.

Después de su partida, el Rey portugués firmó unas capitulaciones con el navegante flamenco Ferdinand von Olmen (Fernao Dulmo) concediéndole la capitanía de las tierras que descubriera al oeste de las Azores, debiendo financiarse él mismo la expedición. Pero de él que nunca más se supo. Colón tuvo la habilidad de conseguir de José Vizinho, a quien veía como un enemigo, una copia del Almanaque Perpetuo de Abraham Zacut que éste había traducido del hebreo al latín. Anteriormente, Juan de Salaya ya la había traducida al castellano en Salamanca. Dicha obra, que proporcionaba la posición diaria del sol, la luna y varios planetas vistos desde Salamanca, fue fundamental para Colón y siempre la llevó consigo, junto con el Imago Mundi de Pierre d’Ally, partidario de la existencia de las antípodas.

 

7.- LA PROCEDENCIA DE COLÓN

Cristóbal Colón era ligur. Procedía de una arraigada familia de comerciantes de la lana genoveses. Solía navegar con mercancías por el Atlántico, recorriendo los puertos portugueses, franceses e ingleses. Su permanencia en Portugal se debió a una causa fortuita. En agosto de 1476 partió de Génova como marinero en una flota mercante con un cargamento de resina de lentisco recolectada en la isla griega de Quíos. A la altura del cabo de San Vicente fueron atacados por el corsario normando Guillaume de Casenove, con el resultado de tres naves genovesas hundidas y cuatro de las atacantes. Siendo buen nadador, Colón consiguió alcanzar la costa asido a un remo. Posteriormente, partió hacia Lisboa para recabar ayuda de la colonia genovesa.

En la capital portuguesa trabajó intensamente durante dos años confeccionando mapas, que luego vendía su hermano Bartolomé en un establecimiento lisboeta. El capellán de Diego de Deza e historiador Andrés Bernáldez decía de Colón que conocía muy bien la cartografía y dibujaba con perfección, refiriéndose a él como “el mercader de libros de estampas”.

Pero el genovés no era un hombre de tierra y de nuevo sale a la mar. En 1477 realiza un largo viaje a Islandia. Así lo relata: “Yo navegué el año de cuatrocientos y setenta y siete, en el mes de febrero, ultra Tile isla, cien leguas. A esta isla, que es tan grande como Inglaterra, van los ingleses con mercaderías, especialmente los de Bristol, y al tiempo que yo a ella fui, no estaba congelado el mar, aunque había grandísimas mareas”. También en 1481 menciona haber participado en una expedición a la costa occidental de África.

 

8.- SU MATRIMONIO

En Lisboa conocería a la que sería su esposa, Felipa Moniz de Perestrello, que había ingresado en el monasterio de Dos Santos, donde Colón solía ir a misa. Se trataba de una dama de la casa de Braganza, a la que pertenecía su madre Isabel Moniz, bien relacionada con la dinastía Avis del monarca. Su padre, que ya había fallecido, era el italiano Bartolomé Perestrello, gobernante de la isla de Porto Santo de Madeira, había sido discípulo de Enrique el Navegante en la escuela náutica de Sagres, con quien colaboró en la conquista de Ceuta y, por orden suya, había repoblado Porto Santo, donde Colón y su esposa fijan la residencia.

(Como anécdota, Perestrello tuvo la torpeza de llevar conejos a la isla para sustento del personal. Se escaparon y dejaron la isla devastada, provocando así el desabastecimiento de verduras y hortalizas).

Una vez allí, el navegante muestra un inusitado interés por las tierras que había al otro lado del océano, hasta el punto de que su suegra, Isabel Moniz, le hace entrega de toda la documentación secreta que guardaba de Perestrello, en la que recogía manifestaciones de marinos que aseguraban haber avistado islas en aquella dirección. Así lo narra Hernando Colón, hijo del almirante: “Le dio las escrituras y cartas de marear que habían quedado de su marido, con lo cual el Almirante se acaloró más, y se informó de otros viajes y navegaciones que hacían entonces los portugueses. Estando en Portugal empezó a conjeturar que del mismo modo que los portugueses navegaban tan lejos del Mediodía, igualmente podría navegarse la vuelta de Occidente, y hallar tierra en aquel viaje”. Estimando Colón que había reunido los estudios y la documentación suficiente. y estando relacionado con la realeza, buscó el apoyo del Rey para cruzar aquellas infinitas aguas, pero no lo consiguió por la oposición de la Junta de Matemáticos.

 

9.- COLÓN ABANDONA PORTUGAL

Cuando en 1481 asciende al trono el rey Juan II, su primera medida fue la de recortar el poder de la nobleza, eliminando todos sus privilegios y regalías, lo que en especial perjudicaba a la casa de Braganza, con la que Colón estaba emparentado por su esposa. Los nobles comienzan a conspirar y algunos de ellos entablan conversaciones con los Reyes españoles en busca de aliados. Juan II inicia contra ellos una cruel persecución que culminaría el 20 de junio de 1483 en Évora con la ejecución del Duque Fernando II de Braganza, a quien, tras haberle confiscado todos sus bienes, le encontraron en su palacio de Vila Viçosa un cofre que contenía correspondencia con la reina Isabel I de Castilla.

Cristóbal Colón había perdido todo lazo con la Corte y corría el riesgo de ser apresado. Ya viudo, en 1485, comprendió que no le quedaba otra opción que marchar a Castilla. Bordeando la costa, llegó hasta Huelva para encomendar el cuidado de su hijo Diego a Violante Moniz, hermana de su esposa, casada con Miguel Muliart. Posteriormente, se dirigió al convento de La Rábida donde el franciscano fray Antonio de Marchena, versado en astrología, le dio cobijo y apoyo, dejando allí a su hijo al comprobar que la situación económica de sus cuñados no era boyante. Marchena le aconsejó que intentara hablar con los Reyes y le dio una carta de presentación para fray Hernando de Talavera, confesor de la Reina Isabel, que en ese momento se hallaba con la Corte en Córdoba.

(Foto portada. Casa donde vivió Cristóbal Colón en Porto Santo, Madeira, Portugal)

 

 

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