Gustavo Adolfo Bécquer, poeta de Castilla
SORIA, ÁVILA, MEDINA DEL CAMPO… CASTILLA FUE EL ESCENARIO VITAL DE LOS POEMAS DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER. RECORRIÓ LA MESETA CON SU HERMANO VALERIANO
1.- Gustavo Adolfo Bécquer en Soria
2.- Las Leyendas
3.- Las crónicas de viajes
1.- GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER EN SORIA
La publicación póstuma en 1871 de las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer significó su definitivo reconocimiento como uno de los mejores prosistas del Romanticismo. Los autores ya no reflejarán los fríos escenarios neoclásicos versallescos, sino la belleza vacilante y agreste de unos paisajes que, en gran medida, serán los castellanos.
Bécquer es el paradigma del dolor y el amor entrelazados. Cuando en 1854 se traslada a Madrid desde su Sevilla natal, ya iba tocado del dolor de pecho, el mal de los poetas de aquella época. La precariedad de su salud le obligaba a dar largos paseos por el Retiro y otros jardines, que frecuentaba la que fuera su musa, Julia Espín, una pasión fracasada, porque ella, cantante de ópera, quiso entregarse plenamente a su vocación, llegando a actuar en el Scala de Milán y otros afamados escenarios europeos.
En 1861 se casa en Madrid con la soriana Casta Esteban Navarro. El matrimonio se trasladó a Noviercas (Soria), donde halló la paz y tranquilidad por algún tiempo. Allí tuvo a su primer hijo Adolfo. Pero, tras un año, ella decide separarse de él, aduciendo las continuas ausencias de Bécquer en el hogar, culpando de ello a su hermano Valeriano, aunque en realidad había terceras personas. Y de nuevo, refleja su relación amor-dolor en las Rimas, donde primero muestra euforia, luego, la soledad, el vacío y la fatal monotonía en que se convirtió aquella casa. Una casa que, hace algunos años, viendo la situación de abandono en que se encontraba el edificio, el municipio la adquirió con fines culturales y turísticos.
2.- LAS LEYENDAS
Bécquer se traslada a Soria, a la calle de los Herradores, hoy Ramón Benito Aceña. La ciudad castellana favorecerá su creatividad en las Leyendas con historias apasionantes. El Monte de las Ánimas es el título de un acontecimiento sucedido a orillas del Duero, que era poseído por una cofradía religiosa, hasta que las leyes desamortizadoras lo atajaron. Narra la lucha que allí acaeció entre los hidalgos sorianos y los templarios, los “clérigos con espuelas”, disputándose la caza de aquella zona.
Cuando la orden militar fue suprimida, su antiguo monasterio pasó a manos de los Hospitalarios de San Juan de Duero. El propio Bécquer quiso comprarlo y restaurar aquellas ruinas para convertirlo en un museo histórico. Este deseo suyo no pudo ser realidad hasta sesenta años más tarde en que la Comisión de Monumentos de Soria lo rehabilitó para museo de mosaicos e inscripciones.
Los Ojos Verdes será un romántico relato en el que está presente la ermita de San Saturio, tantas veces evocada por Antonio Machado, de la que Bécquer afirmó que “era más notable por su pintoresca situación que por el mérito artístico de su fábrica”, sirviéndo de base para la magnífica descripción publicada en El Museo Universal, ilustrada por su hermano Valeriano. También menciona otros lugares como Almenar y río Rituerto.
En En el Rayo de la Luna, detalla las murallas sorianas derribadas por los españoles durante la Guerra de la Independencia para impedir que sirvieran de apoyo a los franceses, así como el derribado templo de San Nicolás y la colegiata de San Pedro, iglesia concatedral. Nuevamente citará al río Rituerto y la villa de Gómara en La Promesa. Soria toda se le presenta como ensoñadora, lírica y fantástica, digna fuente de epopeyas medievales.
3.- LAS CRÓNICAS DE VIAJES
Posteriormente, en compañía de Valeriano, recorrerá numerosos sitios pintorescos e históricos de Castilla. Ambos nos legarán valiosos trabajos, Valeriano con sus dibujos y Gustavo Adolfo con sus narraciones. Ello fue posible gracias a la pensión de 100.000 reales que el ministro de Fomento, Antonio Alcalá Galiano, le había concedido a Valeriano para visitar ciertas provincias del país y recoger gráficamente las costumbres, tipos y trajes tradicionales. En Ávila realizan varias excursiones, comentando uno lo que el otro dibuja, los dos con gran brillantez, como el artículo titulado Labradores del Valle de Amblés.
En calidad de periodista, Gustavo Adolfo Bécquer participó activamente en 1864 en la inauguración del Ferrocarril del Norte de España (Madrid-Irún), un itinerario, tan largo, que duraba diecisiete interminables horas a través de la meseta, haciéndole exclamar: “La vista se me fatiga de ver pasar, eterna, monótona y oscura, como un mar de asfalto, la línea del horizonte”. Y continuaba: “A un lado del camino, se descubre casi perdida entre la niebla del crepúsculo y encerrada dentro de sus dentellados murallones, la antigua ciudad patria de Santa Teresa, Ávila, la de las calles oscuras, estrechas y torcidas, la de los balcones con guardapolvo, las esquinas con retablo y los aleros salientes. Allí está la población, hoy como en el siglo XVI, silenciosa y estancada.
En Medina del Campo anuncian su aproximación las altas alamedas, que se destacan vigorosamente por la oscuridad sobre el cielo nebuloso de la noche, y los derruidos restos de algunas construcciones magníficas que atestiguan su pasado esplendoroso. Allí, estaba Burgos. “Burgos debe ser, porque entre esa masa compacta y oscura de techos puntiagudos, de torres almenadas y altos miradores, he visto destacarse, como dos fantasmas negros, las gigantescas agujas de su catedral. Miranda de Ebro, su tráfico comercial, el paisaje de valles, montañas y pequeñas aldeas dominadas por el campanario de su iglesia, con casitas y demás objetos de juguete que se divisan desde la ventanilla del vagón”. Bécquer se mostró vocacionalmente mesetario en todas sus manifestaciones literarias, como cronista y prolífico poeta romántico.
(Dibujo de Valeriano Bécquer en Soria. Leñador de los Pinares y pastor de Villaciervos. 1865)
Gustavo Adolfo Bécquer
Valeriano Bécquer