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jueves 3 abril 2025
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La tormentosa partida del Rey Alfonso XIII al exilio

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La tormentosa partida del Rey Alfonso XIII al exilio

 

 

LA PARTIDA DE ALFONSO XIII AL EXILIO ES UN TEMA DE MODA EN MADRID DEBIDO A LA APERTURA DEL TÚNEL POR DONDE HUYÓ EL REY EN 1931. EL CONDE DE ROMANONES TUVO QUE ORGANIZAR LA PRECIPITADA EVACUACIÓN DE LA FAMILIA REAL EN POCAS HORAS.

 

 

1.- El advenimiento de la República

2.- El Conde de Romanones y Gregorio Marañón

3.- La precipitada salida del rey Alfonso XIII

4.- Noche de terror en la Familia Real

5.- El dramático viaje de Madrid a Hendaya

6.- Incidencia e incidentes

7.- La paradoja de Valladolid

 

 

1.- EL ADVENIMIENTO DE LA REPÚBLICA

Al caer el dictador Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII mandó llamar a Álvaro de Figueroa y Torres, Conde de Romanones, para formar parte del Gobierno del general Berenguer, en el que ocupó la cartera de Exteriores del último de la monarquía. Tenía el mandato de restaurar la democracia, pero ya era tarde. En agosto de 1930 las fuerzas republicanas conservadoras se reunieron en San Sebastián y firmaron un pacto para constituir una República “de ley y orden”. Entre ellos se encontraban Niceto Alcalá-Zamora, ex ministro monárquico, y Antonio Maura Gamazo, hijo del que fuera presidente del Consejo de Ministros.

En 9131, el Rey entrega el gobierno al almirante Juan Bautista Aznar, después de que Berenguer presentara la dimisión ante una crisis económica incontrolable, consecuencia de la Gran Depresión norteamericana, y tras haber convocado unas elecciones municipales que le hubieran servido de sondeo acerca de la situación de la nación. En los comicios celebrados el 12 de abril las fuerzas republicanas resultaron ganadoras en las mayores ciudades, aunque no en el medio rural, lo que achacaron al caciquismo sistémico de los políticos locales y, en consecuencia, los republicanos consideraron que esos votos eran nulos.

Lo que sucedió a continuación lo recoge el Conde de Romanones en su obra Y sucedió así. Aportación para la Historia. El color rojo comenzó a aparecer por todas partes, en los brazaletes de las personas que se manifestaban frente al Palacio Real, en las estatuas de los reyes de la Plaza de Oriente, convertida en una verbena. Todo aquello, visto por el propio Rey desde sus balcones, le recordaba el final de la última dinastía rusa, los Románov, hacía tan sólo trece años. Sintió que su vida y la de su familia estaban en peligro y decidió huir cuanto antes.

 

2.- EL CONDE DE ROMANONES Y GREGORIO MARAÑÓN

El Rey llamó al Conde de Romanones y le encargó que tuviera una reunión con Niceto Alcalá-Zamora para estudiar los detalles del cambio de régimen de la monarquía a la república y precisar lo referente a su salida del país y la de su numerosa familia. Era un encargo espinoso. Alcalá-Zamora había sido secretario de Romanones, subordinado suyo, y ahora era el presidente del Comité Revolucionario y el más que probable presidente de la República.

Romanones envió un coche para recoger al doctor Gregorio Marañón a su hospital y se entrevistó con él en el Hotel Castellana del Paseo de la Castellana, donde le explicó que tenía que conversar urgentemente con Alcalá-Zamora y que el lugar más adecuado era su casa, en su despacho de la calle Serrano 43. Marañón lo aceptó con la condición de quedarse fuera de la sala para no estar al corriente de lo tratado.

Pero no pudo evitarlo. Así relata Marañón el encuentro: “Estaba el conde palidísimo cuando entró en mi despacho el jefe del inminente gobierno revolucionario. Se abrazaron con el mismo gesto del vencedor y el vencido de la rendición de Breda, perpetuado como un prototipo de nobleza y españolismo, como en el cuadro de Velázquez ¡Quién me iba a decir, exclamó Romanones, que nos veríamos en esta situación! Alcalá Zamora, apresurado, le preguntó que de qué oído oía mejor y, apenas sentado en el borde de un sillón, con fuertes voces y por el oído sano, le pintó palabras rapidísimas y enérgicas de la realidad del país. Le dijo que en varias capitales ya estaba proclamada la República”.

Marañón se encontraba en una habitación contigua con el doctor Gustavo Pittaluga y, de vez en cuando, oían como Alcalá-Zamora gritaba con su acento andaluz a Romanones: “¡El Rey debe irse hoy mismo!”. Y así quedó determinado. Alfonso XIII partió de inmediato a Cartagena, donde un barco le llevaría al puerto francés de Marsella. La Familia Real lo haría a continuación.

 

3.- LA PRECIPITADA SALIDA DEL REY ALFONSO XIII

Todo fue muy rápido. Al día siguiente por la mañana, 14 de abril, el Rey reunió a sus ministros por última vez para comunicarles su renuncia al trono, que fue oficializada por la tarde. Acto seguido, Alcalá-Zamora lo comunicó al pueblo desde el balcón de la Casa de Correos de la Puerta del Sol, que lo celebró con gran alborozo.

A las nueve de la noche el Rey partió del Palacio por la Puerta Incógnita, la misma que utilizó tantas veces para salir a sus cacerías varias, con destino al puerto de Cartagena. Atravesó los jardines del Campo del Moro y franqueó el Túnel de Bonaparte, que había sido construido expresamente para una posible evasión de los monarcas o para pasar desapercibido. Actualmente, se habla mucho de dicha vía en Madrid, porque en estos días se abre al público para que pueda ser visitada. Se trata de la última obra que hizo Juan de Villanueva, el autor del museo del Prado, por encargo del rey José Bonaparte durante la invasión francesa. Ninguno de los dos la vio acabada, porque antes de finalizar Villanueva murió y José de Bonaparte tuvo que huir de España. Se trata de un túnel de 44 metros de longitud y de 5,60 metros de ancho por otro tanto de alto.

La comitiva se componía de cinco vehículos en los que iban la escolta real, el Rey con su primo don Alfonso de Orleans, José Rivera, ministro de Marina, y varios agentes de la Guardia Civil. Debido a la gran velocidad que llevaban por carreteras en mal estados, tuvieron que hacer varias paradas, la primera cerca de Aranjuez en pleno campo, y otras tres más antes de alcanzar su destino.

La llegada al arsenal del puerto tuvo lugar a las cuatro de la madrugada. Una compañía de Infantería de Marina impedía la presencia de curiosos en el recinto portuario. Al amanecer el monarca embarcó con destino a Marsella, siendo despedido por Antonio Magaz, Marqués de Magaz, almirante y capitán general del departamento marítimo de Cartagena. Por el momento, la caída de la monarquía se había producido sin violencia. 

 

4.- LA NOCHE DE TERROR DE LA FAMILIA REAL

Aún quedaba el escollo de la partida de la Familia Real, que era muy numerosa, una misión imposible para el Conde Romanones por el poco tiempo que le dejaban. Mientras tanto, la población se había echado a la calle y sus ruidosas manifestaciones iban tomando un cariz amenazante e infundían temor . De nuevo, Romanones recabó la ayuda de Gregorio Marañón para que fuera a la casa del Marqués de Hoyos, último ministro de la Gobernación, para estudiar la forma de sacarles de Madrid.

Propusieron que Marañón les acompañara hasta la frontera francesa. Pero éste rechazó la idea porque no se veía con la suficiente autoridad para impedir cualquier altercado. Por el contrario, apuntó que la persona más adecuada era el director general de la Guardia Civil, el general Sanjurjo, quien podía ir con su propia escolta. Y, puestos en contacto con él, aceptó el encargo.

La noche del 14 de abril, la reina Victoria Eugenia sintió auténtico terror oyendo las voces que le llegaban desde la Plaza de Oriente, de exaltados que exigían la muerte de los miembros de la familia regia, defendida por los escasos soldados de la Guardia Real que protegían el Palacio. Por la cabeza de la Reina pasaban los hechos de la Revolución Rusa escasos años atrás, la muerte de su prima la emperatriz Alejandra, de su esposo el zar Nicolás II y de todos sus hijos en Ekaterimburgo. La muchedumbre ya había comenzado a derribar a martillazos las estatuas de reyes por todo Madrid, como la de la reina Isabel II y se temía que intentaran abatir la puerta del Palacio y entrar por la fuerza.

La Reina llamó al que sería próximo ministro de la Gobernación, Miguel Maura Gamazo, para pedir protección. Maura les envió a los improvisados guardias cívicos, obreros con un brazalete rojo, que disolvieron las manifestaciones. Pero una vez finalizado, entraron en el Palacio y comenzaron a requisar todas las dependencias. El Príncipe de Asturias, don Alfonso, se encontraba en cama con un ataque grave de hemofilia. Los guardias que vigilaban la puerta se negaron a que los revolucionarios entraran y los retuvieron tras una seria disputa.

La miembros Familia Real se encerraron en sus habitaciones, sin que pudieran dormir por los chillidos que les llegaba de la calle, a la espera de poder coger un tren en la cercana estación del Norte (hoy Príncipe Pío) que les llevara a la frontera francesa. A las cinco de la mañana, una sirvienta avisa a la Reina de que alguien quería verla con urgencia. Se trataba de Joaquín Santos Suárez, amigo personal del Rey, miembro del Patronato Nacional de Turismo, que le indica que acudir a la estación de ferrocarril suponía un grave peligro por la muchedumbre que les esperaba y la falta de seguridad. Por tanto, debería partir en vehículo por la Puerta Incógnita, atravesar la Casa de Campo y tomar el tren en la estación de El Escorial.

 

5.- EL DRAMÁTICO VIAJE DE MADRID A HENDAYA

En 1970, el periodista Eliseo Bayo realizó un pormenorizado reportaje en la revista Destino, sobre el trayecto que siguió la Familia Real en su salida de España. Narra cómo, debido al cambio de planes de última hora, se tuvo que trasladar el coche-salón regio, que se hallaba en las vías de maniobras de la estación del Norte, hasta la de El Escorial para recoger allí a la comitiva real.

Después de despedirse de un grupo de amigos en el alto de Galapagar, la Reina y sus hijos tuvieron que esperar en la estación de El Escorial más de una hora a que llegara el tren. Fueron momentos de tirantez y de reproches. Allí se encontraban el Conde de Romanones, a quien el Príncipe de Asturias culpaba de todo lo que estaba ocurriendo, y los hijos del general Primo de Rivera, Pilar y José Antonio. Dirigiéndose a ellos, la Reina muy enojada les dijo: “De haber vivido vuestro padre esto no había pasado”.

El Conde de Romanones así lo vivió: «La Reina, sus hijos y el acompañamiento llegaron a la estación de El Escorial a las nueve de la mañana. En sus alrededores se agolpaba un buen grupo de gente que, olvidando los favores recibidos de la Casa Real, mostraba su entusiasmo por la II República con escarnios y baldones. La hora larga de espera en la estación de El Escorial debió de ser para la Reina un auténtico martirio (…) Llegó un momento en que yo, rendido por el cansancio y dominado por la tristeza, me senté en un banco del andén».

Por fin, llegó el tren procedente de Madrid, que fue colocado en la primera vía junto al andén. La Reina se despidió del Conde de Romanones, de Manuel García Prieto, que fue presidente del Consejo de ministros del último gobierno constitucional y otras personalidades, tras lo cual subió al vagón seguida de sus hijos. El último fue el infante don Jaime, que ya con el pie en el estribo, una vez más, acusó a Romanones de ser el responsable de todo. Después ascendieron el general Sanjurjo y Juan Pérez San Millán, marqués de Benicarló y senador.

 

6.- INCIDENCIAS E INCIDENTES

Al poco tiempo de salir de El Escorial surgió el primer incidente. Nada más franquear la localidad de Las Navas del Marqués, entre Navalperal y La Cañada, en un vagón apareció una gran llamarada por el calentamiento de uno de los ejes de las ruedas. Curiosamente, en ese tramo de la provincia de Ávila sigue habiendo frecuentes averías en los trenes, posiblemente debido a la pronunciada pendiente que ha de salvar en la montaña.

Los técnicos ferroviarios aconsejaron que el vagón debía quedar estacionado en Ávila. Igualmente, que los viajeros se cambiaran de coche a través del pasillo que los unía hasta el último que va en la cola y no se movieran de allí, siendo trasladado el equipaje antes de llegar a la capital abulense. Era una medida precautoria porque, efectivamente, el recibimiento se produjo entre los silbidos de la muchedumbre que abarrotaba el andén. Y en Medina del Campo ocurrió lo mismo, los abucheos de un grupo de obreros obligaron al jefe de estación a dar la salida inmediatamente.

En Valladolid la situación fue muy tensa. En ese punto el convoy tenía que esperar a que llegara otro procedente del norte en el que, volvía un grupo de exiliados en Francia. La multitud vociferaba improperios y a duras penas les contenían los jefes republicanos pidiéndoles respeto. En medio de todos ellos apareció el escritor Federico Santander, el último alcalde monárquico de Valladolid, que elegantemente vestido subió al tren para entregarle un ramo de flores a la Reina. Por el contrario, en Burgos fueron aclamados con vivas por la población. Y en Vitoria el recibimiento resultó anodino con algunos insultos.

En San Sebastián cientos de personas les esperaban con aplausos y se acercaron a la reina Victoria Eugenia para entregarle ramos de flores, en agradecimiento por los años que en aquella ciudad veraneó la Familia Real. En Irún, fueron despedidos por un grupo de carabineros que les rindieron honores militares. Y, finalmente, en la noche del día 15, el tren cruzó la frontera francesa por Hendaya. Al día siguiente la Reina y los Infantes se reunieron en París con el Rey y el infante don Juan a quien esta sucesión de hechos inesperados le había sorprendido en la Escuela Naval de San Fernando (Cádiz).

Su primer lugar de residencia en el exilio fue el Hotel Meurice de París. Posteriormente, en Fontenebleau, donde afloraron todas las tensiones vividas entre el Rey y la Reina tanto de carácter político, como económico y sentimental, acordando que en adelante vivirían separados. Victoria Eugenia de Battemberg, Ena, era nieta de la reina Victoria de Inglaterra. Se estableció con sus hijos en el Reino Unido, hasta que dio comienzo la II Guerra Mundial, que se trasladó a Suiza por mayor seguridad y la neutralidad que el país alpino ofrecía.

 

7.- LA PARADOJA DE VALLADOLID

El cambio de régimen de la monarquía a la republica en la estación de ferrocarril de Valladolid duró cinco minutos, el tiempo necesario para que saliera el tren que se dirigía a Hendaya para llevar a la Familia Real al exilio y entrara el que retornaba a ilustres exiliados. Entre ellos se contaban los militares Gonzalo Queipo de Llano y Ramón Franco, instigadores de la sublevación de Cuatro Vientos el año anterior contra Primo de Rivera y la monarquía. Franco amenazó con lanzar una bomba sobre el Palacio Real desde su avioneta, que a la postre no fue más que la suelta de un montón de panfletos contra la Dictadura.

El entusiasmo del público presente en el andén de Valladolid se desbordó convirtiéndose en escándalo, teniendo que salir Indalecio Prieto por una ventanilla para darles un discurso de bienvenida a la República y apaciguarles. Y algo parecido ocurrió en las paradas de Medina del Campo, Ávila y El Escorial.

En cuanto a Madrid, había tal gentío esperándoles que el maquinista optó por no llegar hasta el andén y parar trescientos metros antes. Los exiliados republicanos no pudieron descender por su propio pie. La muchedumbre subió a buscarlos para sacarles a hombros como a los toreros triunfadores de una corrida de Las Ventas.

(Fotos Ahora. Apertura de las Cortes constituyentes. 1931. Madrid)

 

 

El rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia

 

El Conde de Romanones saliendo del último Consejo de Ministros

 

Vehículo del ex Rey en Cartagena entre marineros

 

El Conde de Romanones desolado en la estación de El Escorial

 

Despedida de la reina Victoria Eugenia en El Escorial

 

La Familia Real camino del exilio

 

Gobierno provisional de la República

 

1937. El ex rey Alfonso XIII pasea desinhibido por Londres con una señora

 

Palacio Real y Campo del Moro

 

Puerta de entrada al túnel de Bonaparte. Campo del Moro

 

Túnel de Bonaparte. Salida a la Casa de Campo

 

 

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